Concha Rodríguez (a) “La Peñaranda” “La cartagenera”
Concha Peñaranda, más conocida como La Cartagenera, (La Unión, 1850 - ?), fue una cantaora flamenca, figura legendaria de los Cantes de las Minas. Fue uno de los firmes puntales del cante cartagenero y la primera cantaora que haciéndolos alcanzó fama y prestigio en toda la Andalucía de finales del siglo XIX. Lo poco que se sabe de ella procede en su mayor parte de fuentes orales y ha sufrido, como casi toda la información que tiene su origen en la transmisión oral, el enriquecimiento mítico que la imaginación de los transmisores ha ido fabulando con el paso del tiempo. Una copla, principalmente, ha desatado todo tipo de fantasías. Esta es su letra:
Conchita la Peñaranda,
la que canta en el café,
ha perdido la vergüenza
siendo tan mujer de bien.
Biografía
Su juventud transcurrió como la de una de tantas muchachas de su época. Fue modista y le gustaba cantar desde bien chica, pero dudó mucho antes de hacerlo en público. Sin embargo, cuando un día se subió, envuelta en un mantón de Manila, al tablao de un café de cante, arrebató al público. Después se enamoró, entregada en cuerpo y alma, a un hombre que la abandonó, desdicha que cantó en una copla:
Acaba, penita, acaba,
acaba ya de una vez,
que con el morir se acaba
la pena y el padecer.
Marchó de La Unión y difundió sus coplas por los cafés cantantes de toda Andalucía. En Sevilla conquistó a los buenos aficionados al cante. Fernando el de Triana ha dejado una fiel reseña de aquellos días:
Allá por el 1884 se presentó en el primitivo café del Burrero una cantaora apodada La Cartagenera, que triunfó a toda ley cuando costaba mucho trabajo triunfar: y más con un cante que no parecía andaluz, pero que a pesar de eso, tenía algo que hacía sentir, por ejecutarlo con voz clara, limpia y admirablemente administrada, a más de unos estilos compuestos con delicado gusto y fino paladar artístico. ¡Qué cantes cantaba la Peñaranda!
Al salir del arrabal
le eché a mi galgo una liebre;
déjalo, que buena va;
el que la lleva la entiende
y por pies, no se me irá.
No hay para qué decir que la ovación era estruendosa y que se repetía al cantar el segundo cante con la siguiente letra y diferente estilo.
Cómo quieres que en las
olas no haya perlas a millares,
si en la orillita del mar,
te vi llorando una tarde.
-¡Otra!- gritaba el público con verdadero entusiasmo. -¡Otra!- insistían con frenéticos aplausos; y entonces, haciendo un verdadero alarde de facultades, mas con el visto bueno de fiel copista, se arrancaba por aquella afiligranada levantina del clásico estilista el Rojo El Alpargatero y quedaba el triunfo perfectamente redondeado, al bordar la Peñaranda el siguiente cantar:
Lucero de la mañana,
acaba ya de salir,
que te está esperando el alba
en el Puente del Genil.
Huelga decir la tan justa como cariñosa ovación con que el público despedía a la sublime cantadora en cada una de las dos sesiones en que tomaba parte todas las noches; por lo cual, los contratos por meses se prorrogaban hasta convertirse en años consecutivos, cada vez con mayor éxito.
Concha la Cartagenera, no sólo fue uno de los firmes puntales del cante cartagenero, sino que fue una de las mejores cantaoras de su tiempo. Hacía los cantes de Rojo El Alpargatero, al que probablemente conocería cuando el Alpargatero vivía en Almería; pero dominó muchos otros. Sus peteneras fueron famosas. Una copla lo cuenta así:
Para naranjas Valencia;
para aguardiente, Arganda;
para cantar peteneras
Conchita la Peñaranda.
Tuvo, como todos los grandes cantaores del momento, una malagueña propia. Otra copla la recuerda:
Lo mejor que hay en el cante
de Levante, es Cartagena,
y si en el cante te empeñas,
escucha a la Peñaranda
cantando su malagueña.
Una malagueña en la que se podía apreciar los tonos de su tierra. Se ha cantado siempre con la siguiente letra:
Ni quien se acuerde de mí,
yo no tengo quien me quiera
ni quien se acuerde de mí,
que el que desgraciao nace
no merece ni el vivir.
Para qué quiere vivir.
El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la enciclopedia del Ateneo de Córdoba, publicada en español bajo la licencia Creative Commons Compartir-Igual 3.0.
El 6 de enero de 1874 los Reyes Magos no trajeron regalos a los niños de Cartagena. La sublevación cantonal se encontraba en las últimas y una buena parte de la población civil -mujeres y niños principalmente- se refugiaban de los bombardeos centralistas bajo las bóvedas a prueba de bombas del Parque de Artillería.
Como digo, el 6 de enero de 1874 los Reyes Magos no trajeron regalos, porque ese día, quien sabe si debido a un proyectil, a un sabotaje o a una imprudencia, el Parque de Artillería voló por los aires matando y dejando sepultadas bajo sus escombros a más de trescientas mujeres y niños según los cálculos más optimistas o a más de dos mil según la prensa extranjera de la época. En todo caso el suceso más devastador para la población civil de la historia de España.
No hubo tiempo para entierros. Se dice que el General Contreras (cantonal) se limitó a lamentar la pérdida de municiones y repuestos. Tampoco el centralista López Domínguez afectó demasiada compasión cuando por fin entró en la ciudad. Los cadáveres quedaron bajo los escombros de un edificio en el que hoy nada recuerda aquella tragedia. Ni una miserable placa.
Y ahora permítanme que les cuente una experiencia personal al respecto. No sé si saben que la hortensia es una flor cuyo color natural no es el azul pero que, en presencia de determinados compuestos del hierro, ofrece unos increíbles tonos azules.
Hay mucho hierro en esa plaza, aunque sólo sea el de la hemoglobina de la sangre de las mujeres y niños que allí murieron que, como saben, se compone básicamente de hierro. También quizá el de los muchos proyectiles allí almacenados o caídos.
Por eso, estoy seguro, que me creerán sin juramento si les digo que, hará unos cinco o seis años, cuando vi en esa plaza nacer, no sé si espontáneamente, unas hortensias azules, me alegró que en esta ciudad, al menos las flores, tengan memoria.
En Cartagena ya no disparan los cañones
Nada más cartagenero que el llamado “cañonaso de las dose”, es no sólo un evento típico sino también una locución arquetípica del seseo cartagenero.
En Cartagena, hasta hace poquísimo tiempo, el ritmo diario estaba regido por tres cañonazos que invariablemente se disparaban desde el Arsenal a la salida del sol, a la puesta del sol y al mediodía. Quizá el más conocido era el cañonazo de las doce, el que marcaba la meridiana, el momento de mayor altura del sol, recuerdo de antiguas formas e instrumentos de navegar; pero a mí, personalmente, el que más me gustaba era el de la puesta de sol. Me gustaba irme al dique de La Curra y ver como tras el humo, unos segundos después, se oía el cañonazo y se iniciaba a bordo de los buques atracados en aquel muelle un curioso ritual de encendido de luces, órdenes desde los altavoces a babor y a estribor, oraciones (Tú que dispones de cielo y mar, haces la calma… la tempestad, ten de nosotros Señor piedad) y arriados de banderas. Dentro del Arsenal, fuera del alcance de los ojos de los vecinos, el ritual de arriado de banderas era el mismo y no era difícil escuchar las cornetas dando los toques de ordenanza o maltratando la marcha granadera con gallos sin cuento.
Nada de eso queda.
Aun cuando para otras ciudades el disparo de cañones no es más que una vieja tradición o un reclamo turístico como en La Habana, Santiago de Chile o Ceuta, en Cratagena era todavía una característica de la vida urbana de la ciuda, servía a una utilidad y todavía no era, como muchos de los edificios de Cartagena, una fachada sin nada dentro.
Pero no. Aquí nadie hace nada.
En La Habana el cañonazo de las 9 es uno de los reclamos turísticos más llamativos de la ciudad; en Santiago de Chile la ciudadanía se soliviató cuando pretendieron suprimir el cañonazo y lograron que lo reinstaurasen; en Ceuta sigue siendo, desde las murallas reales, uno de los actos conmemorativos del ser propio de la ciudad.
En Cartagena… en Cartagena ya no se dispara nada, aquí la pólvora está mojada.
¿Qué cuesta mantener, al menos, el cañonazo de las doce o el de la puesta de sol? ¿es que no resulta atractivo todo aquel ballet ciudadano de arriado de banderas, encendido de luces, cambio de guardias y toques de ordenanza organizado y dirigido por un cañonazo? ¿Es que Cartagena no era mucho más Cartagena cuando sonaban esos cañonazos?
Cañones aún quedan en la ciudad (cada vez menos gracias a la incuria de los equites locales) y la capacidad para disparar salvas de pólvora sola aún la conservan casi todos, previas las operaciones pertinentes.
Hagan lo que sea. La pólvora la pago yo. Quiero seguir oyendo los cañonazos.
cañonazodelasdoce - CARMEN VALLE
Huelén para los nativos, fue sólo un roquerío defensivo hasta las obras del intendente Benjamín Vicuña Mackenna. En base, hay un centro de exposición de arte indígena. Desde arriba hay una bonita vista panorámica; tal como en 1540 Pedro de Valdivia miró el valle e imaginó Santiago. Tradicional es el cañonazo lanzado desde el cerro, que indica el mediodía
Desde su construcción, La Cabaña ha estado fuertemente vinculada con una de las más profundas tradiciones de La Habana: El cañonazo de las nueve. Durante el dominio español en la isla, todos los días se disparaban sendos cañonazos a las 4:30am, y a las 20:00pm. El cañonazo se disparaba inicialmente desde el buque insignia de la flota surta en el puerto para advertir de la colocación y retirada de la cadena que unía los fuertes del Morro y de Punta para bloquear la entrada al puerto. Tras la construcción de La Cabaña el disparo de los cañonazos se hacía indistintamente desde los barcos surtos en el puerto o desde esta fortaleza. Tras la demolición de las murallas de la ciudad en el siglo XIX se mantuvo la tradición de disparar el cañonazo si bien, ahora, una hora más tarde: a las 9..
via Ceremonia en el fuerte de San Carlos. La Habana.
La ceremonia del Cañonazo de las Nueve es una de las más arraigadas y atractivas tradiciones de La Habana. En épocas coloniales, a las 4:30 de la mañana y a las 8:00 de la noche, se disparaban sendos cañonazos para avisar la apertura y cierre de las puertas de la muralla que rodeaba a la ciudad, y la colocación y retirada de la cadena que cerraba el canal de entrada del puerto. Mas, aún después de haber sido derribadas, se mantuvo la costumbre de disparar un cañonazo a las 9:00 de la noche, ahora válido para que los habaneros comprueben la hora de sus relojes.
“ Se llama crepe, crep o crepa (del latín crispus, ‘crespo’) a la receta europea hecha fundamentalmente de harina trigo, con el que se elabora una masa en forma de disco
El Ayuntamiento de Cartagena ha derribado, sólo en grandes actuaciones, más del 10% del Casco Histórico de la ciudad
Porque si a la cantidad anterior hemos de sumar los derribos de edificios individuales el porcentaje puede resultar espeluznante. Para comprobarlo basta con usar de la heramienta de medición de áreas que facilita la Unión Europea (SIGPAC) y medir las zonas que han sido demolidas por el ayuntamiento de la ciudad dentro del perímetro señalado por las calles Cuesta del Batel, Alfonso XIII, Calle Real, Muralla del Mar.
La ciudad, gracias a éste y a otros gobiernos municipales, ha sido minuciosamente demolida sustituyendo barrios perfectamente rehabilitables por aberraciones urbanísticas en el mejor de los casos y por solares llenos de escombros en los demás.
El ayuntamiento de Cartagena empeñado en derribar el edificio de “El Gallo”.
A pesar de que dos arquitectos independientes han manifestado que el edficio no presenta síntomas de ruina y de que se encuentra en buen estado de conservación el Ayuntamiento de Cartagena y el Juzgado de lo Contencioso parecen decididos a derribar el edficio de “El Gallo” sito en la Plaza del Risueño.
El edficio, extremadamente popular por haber albergado en sus bajos la zapatería “El Gallo” propiedad de José Castelló y por el pintoresco gallo de metal que adornaba la esquina de dicho edificio a las calles Caridad y Duque, ha sido dañado intencionadamente en su techumbre para provocar su ruina, cosa que, afortunadamente no ha ocurrido. Sin embargo, tanto el Ayuntamiento de Cartagena como el Juzgado de lo Contencioso mantienen que procede la demolición del edificio. Sus propietarios e inquilinos ya han presentado el correspondiente recurso.
A pesar de que en el casco antiguo de Cartagena la demolición de edificios debiera ser excepcional, al haber sido declarado conjunto histórico-artístico, la realidad nos dice que tal declaración importa muy poco al Ayuntamiento presente y a los anteriores que han demolido barriadas enteras dentro del casco antiguo. Antiguos alcaldes son ahora promotores de viviendas y no parece que la práctica de expropiar y derribar a bajo costo se exclsuiva de ninguno de los dos grandes partidos sino que ambos se han aplicado a derruir la memoria de esta ciudad.
¿Será el edficio del Gallo la próxima víctima de esta conjura?
El casco viejo de Cartagena es conjunto histórico artístico aunque el ayuntamiento no lo sabe
Sí, el casco antiguo de Cartagena es conjunto histórico artístico; a pesar de ello los sucesivos gobiernos municipales han derribado barrios enteros en lugar de rehabilitarlos.
Una visión japonesa de un molino de viento
TanukiTam - Pixdaus: Popular Today Pics - Cartagena (Spain)Celtiberia.net v3.0 - El Conjunto Histórico-Artístico de Cartagena en peligro por la especulación y el Gobierno municipal - Biblioteca
“ Cartagena me da pena
y Murcia me da dolor
Cartagena de mi vida
Murcia de mi corazón
Letra popular

